REHABILITACIÓN DE FACHADAS – PLAN RENOVE

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El Plan Renove en la Comunidad de Madrid nace con la idea de fomentar la rehabilitación de fachadas y mejorar la eficiencia energética de las edificaciones, es decir, disminuir el consumo de energía en viviendas, dado que en nuestro país dependemos en un 80% de la energía importada y es importante buscar medidas de ahorro para nuestra factura y para la economía y medio ambiente en general.

Para ello se está tratando de fomentar la rehabilitación y aislamiento de fachadas y cubiertas de la envolvente de los edificios, pues manteniendo la energía del interior del mismo logramos un ahorro energético notable. Además, la Comunidad de Madrid gestiona ayudas para la adecuación de las viviendas que lo requieran, siempre que no estén dentro de Zonas de Rehabilitación Integrada, Áreas de Rehabilitación Integrada o Áreas de Rehabilitación de Centro Histórico. Estas ayudas se reservan para las viviendas destinadas a alquiler o sean residencia habitual, ambas al menos durante 5 años.

La cuantía de estas subvenciones para la rehabilitación de fachadas dependerá según los ingresos de la familia y el tipo de adecuación a realizar, siendo necesario, entre otras condiciones, que el edificio en cuestión tenga más de 15 años, que se obtenga la licencia de apertura urbanística correspondiente y que las obras no comiencen antes de obtener la Calificación Provisional del Certificado de Eficiencia Energética.

Las actuaciones que se admitirían para optar a dichas subvenciones, serán aquellas que favorezcan la eficiencia energética y protección del medio ambiente (como el uso de energías renovables), mejoren la habitabilidad (renovación de la instalación de fontanería y saneamiento, instalaciones eléctricas en viviendas, aislamiento de fachadas térmico y acústico…) y la accesibilidad, de la cual hablaremos más adelante.

Antes de iniciar cualquier intervención, salvo para excepciones, hay que pedir en la Consejería de Vivienda que las obras a sufragar sean consideradas para ello, siendo abonadas estas cuando terminen los trabajos o incluso pudiendo anticiparse hasta un 50% del importe en algunos casos.

Desde 2006, por ley se exige que las edificaciones incluyan aislante térmico en sus paramentos, principalmente aquellas de más de 20 años o que no estén lo bastante bien aisladas. Desde el Código Técnico de la Edificación (CTE) o el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) se obliga a plasmar unos mínimos de eficiencia energética en las nuevas construcciones y en las intervenciones de rehabilitación de fachadas.

Aunque quizá a priori el coste para el aislamiento de fachadas puede parecer desorbitado para un particular o una comunidad de propietarios, la realidad es que esta inversión se amortiza en apenas 5 años, y al ser una reforma de larga duración el ahorro se multiplicará en 10 veces lo que costó la rehabilitación de fachadas, pues supone un ahorro energético del 40-50% de la energía empleada para calentar o refrigerar el inmueble.

El aislamiento de fachadas de una vivienda busca aumentar la resistencia al paso del frío o el calor a través de sus elementos en contacto con el exterior, como son cubiertas, ventanas, suelos en voladizo y muros exteriores. Es decir, el material aislante incorporado regulará la transmitancia térmica en dichas zonas.

Previamente a iniciar una obra de rehabilitación de fachadas o reformas interiores en nuestra residencia, conviene detenerse a valorar qué solución se adapta mejor a nuestros objetivos, pues el aislamiento de fachadas puede ejecutarse tanto por el interior como por el exterior de la vivienda.

Debemos elegir nuestro aislamiento de fachadas, teniendo en cuenta, por ejemplo, si vivimos en una vivienda unifamiliar o en un piso dentro de un bloque. Las ventajas o inconvenientes en uno u otro caso son:

  • Aislando por el exterior: desaparecerán los puentes térmicos en pilares y vigas, y no perderemos superficie útil en las habitaciones. Pero puede resultar más costoso, y también necesitará de licencia de apertura para la obra.
  • Aislando por el interior: la forma menos agresiva y rápida sería colocando placas de yeso con aislante incorporado como trasdosado de los muros exteriores, pero esto nos restaría unos 5-6 cm de superficie útil a lo largo de todo el cerramiento exterior. Otra posibilidad es inyectar dentro de la cámara de aire del cerramiento (si la hubiera) productos como celulosa o espuma aislante, no perderíamos espacio pero supondría volver a pintar los paramentos.

Para un completo aislamiento de fachadas y una mejor eficiencia energética, se recomienda sustituir también las carpinterías exteriores, con un vidrio con rotura de puente térmico, y aislar también techos y cubiertas.

Hace años se utilizaban materiales como el fibrocemento (conocido como uralita-amianto), sobre todo para las cubiertas, pero con el paso del tiempo se ha demostrado que ponen en peligro la salud de las personas que frecuentan el edificio en el que estén instalados, por lo que poco a poco se están retirando y sustituyendo por otros productos no contaminantes y a la vez más aislantes.

Actualmente, encontramos en el mercado gran diversidad de materiales destinados a desempeñar una importante función aislante en la rehabilitación de fachadas y cubiertas, como por ejemplo: lana mineral (o lana de roca), celulosa, poliestireno expandido o extruido, espuma de poliuretano, lana de vidrio, perlita expandida, corcho proyectado…según el presupuesto del que dispongamos, la zona a proteger y las condiciones arquitectónicas de nuestro edificio, elegiremos uno u otro.

El uso de la celulosa para el aislamiento de fachadas está en auge dado que es un producto ecológico y con una gran capacidad de retención del calor; incluso también se aplica como aislante acústico por ser muy poroso. Lo podemos encontrar en seco o húmeda, insuflándolo con una máquina en el interior de las cámaras de los cerramientos, sobre falsos techos, bajo cubiertas, buhardillas…pero siempre asesorándonos por empresas especialistas y homologadas, y expertos en mantenimiento de comunidades.

Entre las bondades de este producto, podemos destacar que no necesita casi energía para su obtención, pues se trata de material reciclado, 100% ecológico y orgánico, siendo su alta capacidad de acumulación de calor una de sus cualidades. Pero también resulta excelente que, durante los meses de verano, pueda conservar el frescor de la mañana y lo transfiera hasta 12 después durante todo el día. Otras ventajas son que debido a su gran porosidad sea uno de los mejores aislantes acústicos, y que al tener consistencia pastosa, al inyectarlo en cámaras de muros se pueda introducir fácilmente en recovecos y esquinas, quedando la cámara perfectamente rellena y sin orificios que den lugar a corrientes de aire. No obstante, por su coste de mercado puede rivalizar con otros materiales sintéticos como la lana de roca.

 

La lana de roca o lana mineral, como material para el aislamiento de fachadas, se produce a partir de roca volcánica fundida a altas temperaturas. Al igual que la celulosa que hemos expuesto anteriormente, primitivamente la lana de roca se descubrió como un resultado natural de la acción volcánica, y a partir de entonces se buscó la forma de elaborarlo de forma industrial.

Entre sus propiedades encontramos una estructura fibrosa y flexible que le hace contener aire seco y constante entre sus fibras, aplacando el movimiento de las partículas y por tanto del sonido y del calor, haciéndose un material idóneo como aislamiento acústico, impidiendo los reverberos y ecos, y como aislante térmico, por su baja conductividad térmica. Además, se trata de un material que no arde, clasificado en la Clase A1 de reacción al fuego, y por tanto se utiliza también como importante protección pasiva contra el fuego, pues conserva sus propiedades indemnes incluso a temperaturas de más de 1000ºC.

 

Al margen de las intervenciones de rehabilitación de fachadas anteriormente mencionadas, el Plan Renove de la Comunidad de Madrid también incluye subvenciones en materia de accesibilidad y eliminación de barreras arquitectónicas, adaptando viviendas a personas con invalidez o de más de 65 años, incrementando incluso la cantidad de las ayudas en estos casos. Igualmente, se contempla la adecuación de las instalaciones existentes en las edificaciones, como el saneamiento, instalaciones eléctricas en viviendas, fontanería…, a la normativa vigente en el Código Técnico de Edificación, como objetivo del Plan Renove, sin ser necesario en ambos casos la condición de que el edificio tenga que tener más de 15 años de antigüedad. De hecho, ambos aspectos son puntos a observar por los técnicos en una Inspección Técnica de Edificios, haciéndose casi siempre obligatorio la ejecución de trabajos para corregir dichas carencias dentro de las comunidades de propietarios, donde casi nunca encontramos una buena accesibilidad, e instalaciones antiguas en mal estado.

 

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